Las enfermedades y problemas sociales siempre han afectado a la vida del cristiano. Este artículo pretende reflexionar sobre como se puede aplicar el amor al prójimo en tiempos de coronavirus.

Pieza gráfica del episodio.

A lo largo de la historia, el ser humano se enfrentó con enfermedades que casi aniquilan su especie, dejando así una profunda huella en la memoria colectiva. Por ejemplo, la llegada de los españoles a América implicó la muerte de millones de indígenas por males como la viruela, sarampión y gripe, entre otras. Por otro lado, la peste negra redujo los 80 millones de europeos a tan sólo 30 entre 1347 y 1353. Esta pandemia siguió aterrorizando al Viejo continente con reapariciones durante 400 años.  De igual manera, cobró millones de vidas más a lo largo de los cinco continentes del mundo en distintos periodos de la historia.

El vídeoclip Do the evolution, de Pearl Jam, muestra en una parte como los españoles trajeron enfermedades letales a los indígenas americanos.

El día de hoy, no hay red social ni círculo de amigos o familiares que no esté hablando de la pandemia del momento: Coronavirus o Covid-19. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los síntomas más comunes de esta enfermedad son fiebre, cansancio y tos seca. Algunos pacientes sufren dolores, congestión nasal, rinorrea, dolor de garganta o diarrea. Sin embargo, los adultos mayores y quienes padecen problemas de salud como la hipertensión arterial, dificultades cardíacas o diabetes, pueden sufrir complicaciones. Alrededor del 2% de las personas contagiadas han muerto. Esta no es una cifra muy preocupante. No obstante, la facilidad de contagio y las posibles complicaciones en las personas mayores y más vulnerables hacen que debamos tenerle cuidado.  

Cristianismo y pandemias

Precisamente, como cristianos, es imposible estar al margen de los problemas que afectan a nuestra sociedad. Algunos pastores fundamentalistas vieron esta pandemia como señal de los últimos días, al igual que ciertos medios amarillistas.  Sin embargo, las acciones y palabras de Jesús tienen mucho que decirnos en este tiempo.

Por ejemplo, Jesús sanó a enfermos de lepra a pesar del fuerte estigma social y religioso que tenían. En ese tiempo, ellos debían vivir en las afueras de la ciudad y andar con campanas para que los demás eviten su presencia.  El contacto físico era impensable en ese entonces. Aun así, en Mateo 8:1-4, Jesús toca a un leproso y lo sana, restaurando de esa forma su valor dentro de la sociedad. 

Por otro lado, en Mateo 25:34-40, Jesús comparte un criterio para distinguir a su pueblo de quienes pretenden serlo en el juicio final. “Vengan ustedes, a quienes mi Padre ha bendecido; reciban su herencia, el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me dieron alojamiento; necesité ropa, y me vistieron; estuve enfermo, y me atendieron (…) Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí”. En ese sentido, el cuidado de los enfermos y más vulnerables  es innegable en la obra social de la Iglesia. Es más, algunas veces esta fue la clave en su crecimiento.

Pero, si el contacto con los enfermos podría potenciar el alcance del virus, ¿qué alternativa tenemos? ¿Cómo podemos aplicar el amor al prójimo en tiempos de coronavirus? Una carta de Martin Lutero durante la reaparición de la peste negra en su región nos dará algunas pautas:

Si Alguien Puede Huir de Una Plaga Mortal

Le pediré a Dios para, misericordiosamente, protegernos.
Ahí, entonces, haré vahos, ayudaré a purificar el aire, a administrar medicinas y a tomarlas.

Evitaré lugares y personas donde mi presencia no se haga necesaria para no contaminarme y, de esa forma, quizás infligir y contaminar a otros y, por tanto, causar la muerte como resultado de mi negligencia.
Si por su voluntad Dios quisiera llevarme, ciertamente me llevará y yo habré hecho lo que él esperaba de mí y, por tanto, no soy el responsable de mi propia muerte ni de la de otros.

Si mi prójimo me necesita, no evitaré el lugar o la persona, sino que iré libremente conforme declarado arriba. Vea que esta es una fe que teme a Dios, puesto que no es osada ni insensata y no tienta a Dios.

Martin Lutero, Works, tomo 43, p. 132

Una foto de martin lutero que pertenece al dominio público.
Un retrato de Martin Lutero que pertenece al dominio público.

Para empezar, hay un fuerte eco de la reconocida frase de Agustín: “Ora como si todo dependiera de Dios y trabaja como si todo dependiera de ti”. La petición de Lutero por protección viene acompañada de acciones que la respalden. Por otro lado, reconoce el riesgo al que puede ponerse uno mismo y a otros al exponerse a lugares concurridos en tiempos así. La sabiduría y la prudencia son necesarias en estas circunstancias. Finalmente, reconoce la soberanía de Dios ante todo. No hay temor sino confianza en su voluntad.

Poniendo nuestra fe en práctica

Jennifer Cuthberston, coordinadora para el Desarrollo de Capacitaciones de Langham Predicación, comenta en un email: “Este es el tiempo en que podemos practicar amar al prójimo en formas que antes no nos hubiéramos imaginado; amar a través de la forma en que llevamos nuestras vidas para proteger a otros. Podríamos aplicar esto de las siguientes maneras:

  1. No impidas que un infectado con corona virus llegue al hospital de tu comunidad. Tristemente, en Oruro y Santa Cruz, los vecinos no permitieron que los infectados ingresen al centro médico por temor a que contagie a toda la comunidad. Acciones como estas son contrarias a los valores del Reino.
  2. No compartas información sin antes verificarla. La sociedad parece estar al borde de una histeria colectiva. No contribuyas a esto. Para empezar, si la información te llego por Whatsapp, desconfía. Mejor si buscas comunicados oficiales de organizaciones como la OMS y/o reportajes de medios serios como El País y/o BBC.
  3. Si tu país está en cuarentena, acátala. La facilidad de contagio es alta con este virus. Si tu país determinó cuarentena, es importante que la acates para evitar la expansión de la pandemia.
  4. No compres más de lo que necesitas. En las pasadas semanas los tapabocas, desinfectantes de manos y los rollos de papel higiénico subieron de precio significativamente. Muchas personas compraron estos productos en grandes cantidades. Esto produjo que personas que realmente necesitan de estos ítems no puedan tener acceso a ellos y una subida de precios poco ética. De nuevo, no contribuyamos al pánico.
  5. Lava tus manos frecuentemente. Lava tus manos frecuentemente con un desinfectante de manos a base de alcohol o con agua y jabón. El hacer esto mata al virus.
  6. Mantén el distanciamiento social. Mantén al menos 1 metro de distancia entre usted y las demás personas, en especial si tosen, estornudan y tienen fiebre. Si está demasiado cerca, podrías inhalar el virus y contagiarte.
  7. Evite tocarte los ojos, la nariz y la boca Las manos tocan muchas superficies que pueden estar contaminadas con el virus. Si te tocas los ojos, la nariz o la boca con las manos contaminadas, puedes transferir el virus de la superficie a tu cuerpo.
  8. Ora y ayuna. Pon todas estas cosas en las manos de Dios, pues Él tiene cuidado de nosotros. Pide por salud para los enfermos, sabiduría para las autoridades y medios de comunicación y protección para los más necesitados.
  9. Colabora con quienes más lo necesitan. Por último pero no menos importante, transforma tus oraciones en acciones. Los extranjeros, ancianos, viudas y huérfanos tienen dificultades para acceder a los items indispensables por las largas filas o por razones económicas. Échales una mano al realizar las compras por ellos. Mejor si entablas una relación con ellos y conoces sus necesidades por medio de ellos mismos.
sugerencias para aplicar el amor al prójimo en tiempos de coronavirus.
Una infografía que sintetiza las 9 formas en que podemos aplicar el amor al prójimo en tiempos de coronavirus.

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Comments (2)
  1. Lindo he interesante artículo, me gusto todo, resaltó el eje 2 No compartir información sin antes verificarla…
    Se que no es cosa fácil… porque demanda tiempo…
    Pero si se puede recurrir a sitios de autoridad científica, universidades, etc

    • ¡Gracias Ismael! Me alegra que te haya gustado. Es muy cierto, verificar la información es difícil. Pero es una tarea que vale la pena realizar. En especial por toda la histeria colectiva que see stá generando.

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