Hace unos años, escribí este artículo para la Ramona Cultural. Es una confesión de mi incapacidad por encajar al 100% en el estereotipo de «actor cultural» y una defensa mi placer culposo, la música producida por el cantautor colombiano Juanes. Aprovecho la oportunidad de su cumpleaños para actualizarlo y publicarlo en este medio.

Una fotografía del cantautor colombiano Juanes editada como portada de un episodio de un podcast.
Pieza gráfica del artículo «Juanes: Apología de un placer culposo»

Fracaso como actor cultural

En los últimos años intenté ser parte de los círculos culturales de Cochabamba. Asistí a los eventos del Centro Patiño; fui a distintas tocadas en La Muela, La Tirana y Olé, Na Cunná, Sub Pub, Jazz Stop y Oasis; hice una pasantía en Telartes e incluso trabajé como periodista cultural. Sin embargo, mis gustos musicales nunca me permitieron encajar bien.

No me malinterpreten, tampoco soy un caso perdido. Pasé con facilidad las pruebas básicas: no me gustan Coelho, Arjona ni las sagas juveniles; prefiero las organizaciones horizontales que las verticales; tengo un look desaliñado y me hago al fotógrafo de mes en cuando. Aun así, cuando escuché a Charly García no me pareció que fuese dios, mi muro de Facebook no tiene frases de Cortázar ni vídeos de Les Luthiers, y lo único que me gusta del Grillo Villegas es la pizza que lleva su nombre.

Aclaración: Eso no significa que no me guste Charly García. Tan solo escuchen esta canción junto a Spinetta, es un maestro. El fanatismo exagerado siempre me disgustó.

De todas formas, mi mayor barrera no fueron las cosas que no me gustan, sino las que de verdad disfruto y que no me permitieron ser parte del estereotipo de actor cultural. En sí, los gustos culposos nos definen más que aquellos que buscan idealizarnos o hacernos “más intelectuales”. Nos avergonzamos de ellos y los tratamos de ocultar. Pero, siguen ahí, revelando una faceta más profunda que no nos agrada. Como actor cultural, mi placer culposo es Juanes.

El inicio de mi placer culposo

El primer disco que compré fue suyo y desde entonces descubrí una serie de coincidencias que hicieron que me identifique más con él. Por ejemplo, ambos nacimos un nueve de agosto, compartimos el nombre Esteban y tenemos un apellido vasco que comienza con A (Aritzábal – Améstegui). Para complementar el rol que cumple su música en mi vida, cuando su nombre aparece mucho en mis playlists, es un claro síntoma de que estoy enamorado. Por todo esto, ahora me doy la tarea de defender al cantautor colombiano más representativo del pop (¿rock?) latino, a través de un recorrido por su discografía, para concluir con un álbum suyo del cual no me avergüenzo.

Todos conocen a Juanes por el éxito comercial alcanzado con sus discos Un día normal (2002), Mi sangre (2004) y La vida es un ratico… (2007). Los tres álbumes siguen una fórmula sencilla que combina canciones románticas (“Nada valgo sin tu amor”, “Fotografía”, etc.), otras con temáticas sociales (“Odio por amor”, “Bandera de manos”, etc.), canciones de trova maliciosa («La camisa negra», «Pa dentro») y, probablemente su especialidad, temas de despecho (“Mala gente”, “La paga”, “Clase de amor”, etc.).

Estas producciones musicales tienen como protagonista a la balada, con una ligera influencia de ritmos colombianos como el vallenato y la cumbia. Por otra parte, las letras románticas de estos discos son honestas, sencillas y poco empalagosas -si las comparas con las de otros artistas del mismo género-. En cambio, sus canciones de desamor son tajantes y guardan cierto orgullo, algo poco común en un industria musical carente de amor propio.

Los que seguimos su carrera tratamos de olvidar los fracasos de P.A.R.C.E. (2010), Juanes MTV Unplugged (2012) y Loco de amor (2014), en los que vimos a un Juanes alienado pronunciando las tes como gringo, con letras ñoñas y ritmos aburridos. Sin embargo, también celebramos su retorno al pop en los discos Mis planes son amarte (2017) y Más futuro que pasado (2019), en el que podemos encontrar más de una canción al menos pegajosa (“Fuego”, “Es tarde” y “Pa dentro”). Aun así, su faceta interesante es poco conocida. Hablo de un Juanes más idealista y menos comercial.

El Juanes del que no me avergüenzo

Fíjate bien (2000) es su debut como solista. La grabación se realizó en la capital paisa de Colombia, Medellín. La producción estuvo a cargo de Gustavo Santaolalla -quien colaboró con Charly García y León Gieco, entre muchos otros-. En este álbum, a diferencia de todos los que le siguen, el romance está en un segundo o tercer plano.

Las letras, todas escritas por Juanes, cuestionan los valores de una cultura que todavía sufre una resaca del hedonismo y violencia generada por el narcotráfico (con epicentro en Medellín) y el conflicto entre la guerrilla y los paramilitares. El primer sencillo, que titula igual que el disco, refleja la sensación de abandono y desconfianza del pueblo colombiano tras todo lo ocurrido en la segunda mitad del siglo XX. La musicalidad del álbum está caracterizada por una dualidad entre la guitarra eléctrica y el acordeón, la localidad y globalización que ya comenzaba a dispararse en Latinoamérica. Ambos instrumentos tienen descargas de melancolía y frustración en sus solos.

Esta canción es el sencillo de su primer álbum.

El Juanes de Fíjate bien es una versión más madura del vocalista de Ekhymosis (su primera banda), un cantautor claro en su mensaje y consolidado en su estilo. Un músico que escribe sobre las vivencias de su pueblo y compone con ritmos de las calles de su ciudad. A pesar de que añoro el regreso de este Juanes, soy consciente que cada vez es menos posible. De todas formas, por más que ahora haga reguetón y salga disfrazado de astronauta en sus videos musicales, seguiré recordando con cariño su debut, respetando sus nuevos proyectos y defendiéndolo.

Actualización: Esta colaboración me da un poco de esperanza.
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